esde que comenzó la crisis, el “cuponazo cervical” ha repartido indemnizaciones a diestro y siniestro. ¿Los agraciados? Todos aquellos que juegan a los coches de choque en Cantabria buscando un accidente.

Sin embargo, en enero de este año entró en vigor la modificación de la ley 35/2015 del 22 de septiembre que reforma el sistema para la valoración de los daños y perjuicios causados a las personas en accidentes de circulación. La reforma ataca directamente a los pequeños golpes: las cervicalgias, que ocupan la mayor parte de las reclamaciones. “Este nuevo baremo lo que solicita es una mayor exigencia. Ahora se tratan con más cuidado y se intenta limitar el pufo grande que había en la calle”, explica el abogado cántabro José María Iglesias, de Mouro Abogados.

La reforma de la ley, sumado a que el lesionado debe interponer un pleito civil si quiere percibir indemnización, ha reducido en lo que va de año el número de perjudicados en accidentes de tráfico. “Hubo una época en la que cada parte de accidente que entraba por la puerta traía un lesionado. Era muy difícil encontrar uno sin heridos. Y claro, al final han pagado justos por pecadores”, explica Pablo González, de Seguros Helvetia Ruiz Barroso.

Pero es complicado cerrar el grifo de golpe. Solo el año pasado los intentos de fraude al seguro tuvieron un impacto de 550 millones de euros en España. “Hemos visto casos de ciegas conduciendo y familias enteras lesionadas”, cuenta Decan (pseudónimo), uno de los 14 detectives privados con licencia que ejercen en Cantabria. “Llevo 30 años cazando caraduras”, apunta.