Estafas o sistemas de inversión fraudulentos consistentes en que las ganancias de los primeros inversores se obtienen mediante las aportaciones de los siguientes en lugar de las ganancias o beneficios del negocio propiamente dicho.

El sistema requiere el permanente incremento del número de víctimas.

011-Policía-Judicial-2001

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Timo de la lotería

Los autores realizan un envió masivo de correos electrónicos a direcciones obtenidas por Internet. Normalmente los correos proceden de cuentas gratuitas. Utilizan fraudulentamente tanto logotipos reales del Organismo Nacional de Loterías y Apuestas del Estado ONLAE (“La Primitiva”, “El Gordo de la Primitiva”, “Lotería Nacional”, etc.), como supuestos (“Nacional Loto”).

En sus mensajes afirman que el receptor ha sido agraciado con un premio, a pesar que la presunta victima no ha participado en ningún sorteo (se le dice que ha sido seleccionado al azar por medio de su dirección de correo electrónico, o de entre los que han visitado determinadas páginas Web, o explicaciones similares).

El único requisito que hace falta para cobrar el premio es el pago de una cantidad de dinero por anticipado en concepto de pago de impuestos, aranceles, costes de transferencia o similar, para lo cual se facilita una cuenta bancaria o se solicita una transferencia a través de servicios de transferencia de fondos.

Es frecuente también que los autores utilicen los logotipos de empresas aseguradoras o bancarias de prestigio o incluso de algún Ministerio con el fin de “garantizar” la autenticidad de los mensajes. Asimismo los teléfonos de contacto y números de fax se suelen corresponder con teléfonos móviles con tarjeta de prepago.

Ingresada la cantidad de dinero solicitada no se vuelve a tener noticia del premio.

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Trileros

La estafa consiste en incitar al público a apostar dinero, en juegos de habilidad que, aparentemente, permiten grandes ganancias y que se ofrecen en plena vía pública, sobre una pequeña mesa. El juego más utilizado consiste en descubrir en qué lugar se esconde una bolita que es tapada por una chapa o vaso. Otras veces se utilizan cartas.

Para que el juego parezca más fácil, en torno a la persona que mueve los vasos o las cartas (el que dirige el juego), hay uno o varios falsos jugadores (ganchos), los cuales aparentemente ganan dinero fácilmente. Al principio, se deja ganar a la persona que inicia el juego, para que, animado por el éxito, juegue una cantidad importante.

El juego se basa en la prestidigitación: la mano es más rápida que la vista, por lo que cuando la cantidad es importante, el autor guardará la bola o carta ganadora fuera de la vista de modo que sea imposible ganar y la víctima pierda irremisiblemente su dinero. Es frecuente en ferias y mercadillos.

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El Tocomocho

La estafa suele desarrollarse en lugares de tránsito dónde una persona aborda a la víctima manifestando tener un billete de lotería premiado y que por alguna causa no puede cobrar. El estafador ofrece a la víctima venderle el boleto por menos dinero del que corresponde al premio.

Para dar mayor credibilidad al timo irrumpirá un segundo estafador (gancho) que suele afirmar la autenticidad del premio exhibiendo un listado de boletos premiados en un periódico. Cuando la víctima compra el boleto premiado y va a cobrarlo a la ventanilla de la administración de lotería comprueba que el billete de lotería es falso.

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La Estampita

El ciudadano es abordado por el estafador que aparenta tener cierta discapacidad intelectual y le enseña una bolsa que parece estar llena de billetes, incluso pueden verse algunos. El estafador no da ninguna importancia al contenido diciéndole a la víctima que en la bolsa lleva “estampitas” o “cromos” y que en casa tiene muchos más.

En ese momento interviene otro transeúnte, en realidad un segundo estafador que hace de gancho, el cual ofrece a la víctima la posibilidad de engañar al primero comprándole la bolsa por una cantidad de dinero. Sin embargo, el gancho dice no tener dinero para participar en la “compra” de la bolsa. No obstante anima a la víctima a realizar la compra dados los grandes beneficios que le va a reportar. Incluso, el gancho se ofrece para acompañar a la víctima a buscar dinero, al objeto de que no tenga ningún contratiempo.

Una vez que la víctima materializa la “compra” entregando el dinero por la bolsa desaparecen los dos estafadores. Cuando la víctima abre la bolsa comprueba que no contiene billetes sino tacos de recortes de papel.

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El nazareno

Las víctimas de la estafa son empresas que suministran mercancías. Los estafadores se instalan en un lugar alquilando un almacén a nombre de una empresa. Empiezan a realizar pequeños pedidos, que se guardan en el almacén y que son abonados en el acto a las empresas suministradoras. De esta manera los estafadores se ganan la confianza de las víctimas.

Seguidamente realizan grandes pedidos de mercancías, diciendo a los suministradores que los pagos los van a realizar en varios plazos. Incluso, pueden llegar a cumplir el primero de dichos pagos. De forma repentina, la empresa desaparece del lugar, llevándose la mercancía y dejando pendiente de abonar las deudas contraídas.

Cuando las empresas de suministros estafadas quieren hacer gestiones para ejecutar el cobro comprueban que la empresa que les hizo los pedidos no existe.